domingo 7 de junio de 2009

Vencida para alzarme


Te humillas como un modo de ensalzarte, para elevar sobre el suelo el pedestal de la gloria de tu cuerpo, para honrarte como diosa que esclavizas los miedos y recelos, que encadenas prejuicios prohibidos, que castigas afrentas y osadías de quienes no consiguen someterte y te saben, sin embargo, sometida, arrodillada, vencida de deseo y de placeres, pero libre... Absolutamente libre, desde tu humillación que te enaltece porque cada vez que caes sobre la tierra, aplastas y dominas todo aquello que oprimes bajo el peso de tu cuerpo.

Ante ti, mi desnudez que provocaste con tu propia desnudez interminable y siempre nueva, recién admirada por mis ojos que descubren inéditos rincones de tu piel y aquellos espacios dibujados de memoria en las noches de tu ausencia inevitable y que voy reconquistando conforme te desvisto.

Me gusta desnudarte, quitarte la ropa que te cubre, desabrochar botones, bajar cremalleras, soltar hebillas y desliar cordones, liberar tus pechos sujetados para volver a vestirlos con la piel de mis manos modelando sus contornos, deslizarte los suaves encajes de tus bragas para dejar al descubierto la doble sonrisa de tus nalgas y encontrar entre tus piernas el oasis de tu sexo humedecido.

Te desnudo y te impido desnudarme, te acaricio sin que puedas devolverme las caricias, deposito mis labios en tu cuello y tus mejillas pero le niego a tu boca el sabor de la mía, separados nuestros labios apenas por un par de milímetros de distancia... Y nuestros ojos, que se exploran, se conquistan, se dominan y someten antes de que un leve pestañeo deshaga la magia de un amor reflejado en las pupilas para crear la magia de un nuevo reflejo enamorado.

Obedeces mis órdenes apenas susurradas mientras me quito la ropa para calmar las urgencias de mi piel anhelante de tu piel desnuda... Tus manos a la espalda, la mirada baja, la pausada flexión de tus piernas para dejarte caer, levemente, contra el mundo, aplastado y dominado otra vez por tus rodillas... Mírame... Son mis últimas palabras antes de vendarte los ojos, de que tus labios perciban el roce de mi sexo como una invitación para tu boca, de que mis manos se enreden en tu pelo para marcar los compases precisos de cada movimiento de tus labios cercando la carne endurecida, atrapada, engullida, descarnada hasta el éxtasis del goce más profundo.

Tú vencida para alzarme, para hacerme gigante en tu propia pequeñez arrodillada, en tu veneración sin ataduras, en tu sensualidad postrada ante mis pies para anegar mi carne desde abajo, como una torrentera de deseo que se eleva hasta inundarme y ahogarme de gemidos placenteros...

martes 19 de mayo de 2009

Un plenilunio entre tus manos


Álzate sobre tus pies benditos y pequeños, que se asientan sobre el barro de la tierra quebradiza, que sostienen la hermosura de tu cuerpo prodigioso, que equilibran cada curva que dibuja tu silueta.

Empínate sobre las puntas de sus dedos, como te empinas cuando tensan tus brazos las firmes ataduras, cuando el cuerpo levita incitando pasiones y temblando te resistes a dejar de tener los pies en el suelo.

Elévate como te elevas en cada ascensión a mi cielo deslunado, acariciando el aire con tus manos peregrinas, rompiendo la noche con la intensa luminaria de tu piel enardecida, suspirando deseos compartidos, compartiendo deseos suspirados.

Encúmbrate, princesa, en la cumbre de tu cielo, rozando de puntillas la tierra quebradiza bajo tus pies benditos y pequeños…

Y extiende tus brazos, ténsalos, igual que si te ataran las cuerdas del deseo…

Pero mira que esta noche tienes las manos libres de cadenas…

Para alcanzar la luna…

Porque esta noche, amor, alcanzarás la luna…

Y tendrás un plenilunio entre tus manos…

viernes 27 de marzo de 2009

La incógnita desnuda de tu carne


No precisas una cruz para ser diosa pero atada en la cruz te divinizas...

Tu cuerpo, como un aspa, la incógnita desnuda y nunca acabada de resolver, el enigma indescifrable de tu carne, la equis absoluta que marcara el punto exacto del amor en el mapa misterioso de tu alma...

Abiertos tus brazos y tus piernas, la cruz de tus puntos cardinales, la rosa de tus vientos y tus rumbos que descorren tu piel de parte a parte...

Te liberas en las propias ataduras que cercan tus muñecas y tobillos, en tu propia desnudez levemente reposada en la madera... Tu cruz sobre la cruz, la simétrica figura de tu cuerpo aspado sobre el aspa, la doble incógnita de tu piel vencida sobre la piel inerte del patíbulo...

Expuestos tus pechos y tu vientre al castigo de mis manos flagelantes, al placer de mi boca posesiva: la tortura de tu goce silenciado, el escorzo de tu cuerpo sometido... Tu sexo a la intemperie, en el vértice mágico de tus piernas abiertas y amarradas, ofrecido al empuje de mi sexo que te horada en la cruz como una lanza que acelerara la súbita y pequeña muerte de un orgasmo que tensa tu cuerpo desgarrado, que despeja y resuelve la incógnita desnuda de tu carne...

jueves 12 de marzo de 2009

Setecientos millones de latidos


Setecientos millones de latidos
conforman tu existencia,
el pulso de un exacto segundero
que marca tu pasado y tu presente.
Centésimas de ti,
millonésimas partes que acompasan
el ritmo de tu vida que renace
en el preciso instante en que la luna
reestrena calendario
para contar los días, uno a uno,
a partir de la noche en la que cumples
un año más de vida y de hermosura
multiplicada, amor,
por setecientos millones de sonrisas
que forjaste entre tus labios
desde aquel primer llanto contra el mundo
que gritaste al nacer,
reclamando tu luna y tus estrellas
y tus mares de vírgenes orillas.
Contra el mundo has llorado, princesa,
desnuda, como entonces,
haciéndote mujer en cada llanto
y forjando sonrisas verdaderas
en las lindas comisuras de tus ojos.
Esos ojos que abriste por vez primera al mundo
para pintar la vida del color verde-miel de tu mirada.
Esos ojos que abres cada día
para llenar mi mundo y mis ocasos,
mi mar derramado hasta tu orilla
y mi luna prisionera de tu cielo
de mieles verdecidas por tus ojos.
Setecientos millones de latidos
te fueron modelando, vida mía…
Hoy cumplimos plenilunio y primavera,
reestrenamos sonrisas y deseos,
renacemos, princesa, con la noche
para seguir forjando nuestra historia.
Hoy cumplimos los años que has vivido
y cumplimos milésimas de tiempo
para contar de nuevo cada noche
que pase hasta cumplir un nuevo año.
Nos debemos, princesa, una a una,
setecientos millones de caricias…
Te quiero más que nunca y más que a nada…
Espérame desnuda que regreso
a besarte la piel hasta gastarla,
a celebrar contigo nuestra fiesta,
a regalarte el alma nuevamente
como si cada día
fuera el primer día en que nacimos
y nos cogimos desnudos de la mano
para crear un mundo
y un tiempo que medimos
con la exacta precisión de tus latidos.

martes 3 de marzo de 2009

Te quiero como un todo inconfundible


Latidos que pronuncian las sílabas precisas con que el amor se nombra…
A golpes desbocados de deseo…
Con el sordo compás de la melancolía compañera…
Tu nombre dibujándose en los labios con el carmín de la tarde que se duerme…
Tu piel enredándose en mi piel con los sueños plenilunios de la noche…
El amor se pronuncia sin palabras cuando tus ojos musitan su lenguaje más secreto…
Tus ojos son espacio y universo y el principio sin fin de mi existencia…
Si he de morir en ti, que sea mirándote los ojos…
Si has de morir en mí, que me mate tu última mirada…
Morirnos en nosotros como una consecuencia inevitable de vivirnos, de revivirnos, de desvivirnos, amor, en esta soledad que aboliremos a golpes desbocados de locura…
Te quiero con la luna y con el frío, con el mar que me besa y me desgarra, con el hondo silencio de las noches, con el amanecer desfallecido…
Te quiero con el llanto que guardamos, con la tierna sonrisa aprisionada en mis manos vacías de tus manos y en el alma repleta con tu alma…
Te quiero como quieren los amantes que inventaron un amor inacabable…
Te quiero como un todo inconfundible, como una religión irrenunciable…
A golpes desbocados de deseo…
Con el sordo compás de la melancolía compañera…
Te nombro, te reclamo, te preciso, te anhelo y te consigo…
Te consigo, amor, cuando me nombras, me reclamas, me precisas y me anhelas…
Me consigues…
Y me enredas la piel en tu piel con los sueños plenilunios de la noche…

sábado 14 de febrero de 2009

Inventario de ti


Recuento lunas, como si fuera un inventario de ti misma, el catálogo lunar de tus lunares, la lista inacabable de tus secretos rincones nuevamente recorridos por mis sueños vagabundos.

Te recorro, palmo a palmo, tierra a tierra, deslizando mi deseo por las líneas sinuosas de tu cuerpo insinuante, recontando cada poro y cada arista, cada hondonada y cada promontorio, revisando cada sombra y cada transparencia, cada vértice y cada luna dibujada en el cielo infinito de tu piel.

Enumero cada huella de mis besos aún visibles en tu hermosa encarnadura, los surcos que dejaron mis caricias en tu cuerpo desnudo y conquistado por mis labios peregrinos de tu carne, por mis manos lazarillas de tus manos.

Desmido tus medidas, para volver a contar cada milímetro de ti con la exacta medición de mi boca posesiva.

Recuento tus orillas y tus mares, tus latidos y suspiros desbocados, tus lágrimas de amor y las que ahogas en la profundidad de tus pupilas.

Te inventario, princesa, cada luna, como una relación de posesiones, latifundios del alma que te adora, territorios de ti que me regalas para hacerte completa entre mis manos.

sábado 7 de febrero de 2009

Una ofrenda derramada bajo el cielo


Te regalas como un todo inabarcable, un inmenso universo de deseo, un espacio infinito que comienza más allá de la piel erotizante, más allá de la carne deseada, de tu cuerpo entregado como ofrenda.

Más allá de tu cuerpo sometido, se inicia el infinito de tu cielo, las lunas siempre llenas de tu alma bajo el suelo lunar de tu epidermis.

Te ofreces como el cielo cuando truena, como el mar cuando ruge sus mareas, como la tierra virgen que se quiebra en el seísmo. Salvajemente gritas tus siglos de silencio, tu breve soledad eternizada, tu anhelo de mujer que te recorre, como una lava ardiente, las sendas sinuosas de tu cuerpo.

Sobre el mundo te arrodillas... Como siempre, princesa, sobre el mundo, contra el mundo, por encima del mundo... Infinito poder el de tu cuerpo que aplasta la tierra para dejar la huella de tus pechos inflamados de deseo, de tus rodillas hincadas para que al mundo le duela la opresión de tus piernas firmemente asentadas sobre él, de tus manos atadas para que el mundo sepa que tú perteneces al cielo donde anudas tus muñecas y nunca a la tierra que pretende encadenarte al abismo de los sueños imposibles.

Sobre el mundo te entregas como un todo inabarcable, un inmenso universo de deseo, un espacio infinito que boceta la silueta de tu cuerpo sometido.

Como una ofrenda, mujer bendita, derramada bajo el cielo que te enluna, para gritar salvajemente tu placer desgranándose en mi piel que te domina.

domingo 18 de enero de 2009

Alunizando en ti


Te atraparé, más allá de este sueño de tenerte entre mis brazos, de esta ausencia descarnada que me deja las manos vacías de tu carne y el alma repleta de tu alma, de esta noche en la que menguan los silencios y crecen los deseos anhelantes de tenerte entre mis brazos, atrapándote otra vez bajo la luna, para hacerte mía junto al mar que ahora llega cansado hasta mis pies...

Quiero atraparte, amor, hasta sentir mi piel abrasada por tu piel, hasta abarcar la inmensidad inabarcable de tu cuerpo desnudo, otra vez ofrecido a mis labios y mis manos, otra vez entregado a mi sexo enardecido que penetra la ardiente hendidura de tu sexo para fundirnos los dos en una sola carne estremecida, bajo la luna llena del deseo, junto al mar que ahora regresa hasta tu orilla...

Atraparte, para hacerte prisionera entre mis brazos, esclava de mi carne y de mi alma que conquistan tu alma y tu carne sometida, centímetro a centímetro, desde la limpia frente que cobija los suaves besos de mi boca hasta los lindos y pequeños dedos de tus pies benditos...

Mis labios y mis manos que alunizan en el doble plenilunio de tus pechos, en los cuartos crecientes y menguantes que conforman tu cintura y tus caderas, en las redondas lunas de tus nalgas, en las lunas cuarteadas de tus labios... Tu cuerpo amerizando sobre el mío, como una blanca luna que se baña sobre el mar del amor más verdadero...

Para hacerte mía, completamente mía, parte de mí que me completa... Más allá de este sueño de tenerte entre mis brazos, de esta ausencia descarnada que me deja las manos vacías de tu carne y el alma repleta de tu alma... Más allá de la luna de esta noche y de este mar que regresa y que se marcha para llevar hasta tus pies mi mar que anhela atrapar cualquier noche el inmenso plenilunio de tu cuerpo desnudo y entregado...

miércoles 31 de diciembre de 2008

Las doce campanadas del recuerdo


Una... Gracias por estar ahí.
Dos... Gracias por estar aquí.
Tres... Gracias por quererme.
Cuatro... Gracias por sentir que te quiero.
Cinco... Gracias por cada una de tus sonrisas.
Seis... Gracias por hacerme sonreír.
Siete... Gracias por sentirme imprescindible.
Ocho... Gracias por hacerte imprescindible para mí.
Nueve... Gracias por soñar.
Diez... Gracias por hacerme soñar.
Once... Gracias por ser.
Y doce... Gracias, infinitas gracias... por existir.


Un nuevo año siempre marca una frontera en la memoria...

Nada cambia, sin embargo, por arrancar la última hoja del calendario...

Tú... Yo... Nosotros...

Continuaremos siendo nosotros para seguir caminando cogidos de la mano...

Feliz Vida, princesa...

miércoles 24 de diciembre de 2008

La eterna navidad de tus ojos


La eterna navidad de tus ojos de niña que recrean la magia de los sueños renacidos…

Las noches más buenas acabaron siempre contigo dormida entre mis brazos, desnuda de alma y cuerpo, preciosa de los pies a la cabeza, princesa desde el alma hasta la piel…

Las noches más buenas las pasamos despiertos, reinventando caricias, recontando las estrellas que cogimos en las noches vacías de luna y de sueños, rehaciendo el amor que hicimos y deshicimos para que todo el amor nos cupiera en una noche hasta agotarlo, hasta agotarnos, hasta que tú te quedaras dormida entre mis brazos, recreando los sueños que hicimos reales para que nunca se perdiera la magia de los sueños recreados…

La eterna navidad de tu sonrisa dibujada en la comisura de tus labios…

Te adoro, mi bien…

Y en esta nochebuena de lunas vacías, añoro la eterna navidad de tus ojos de niña…

Porque la vida no es la misma desde que es posible contemplarla con tus ojos…

jueves 27 de noviembre de 2008

Hasta que salga el sol


Vamos a descorrer los velos de esta noche, los visillos del cielo y de la luna, las cortinas del sueño y de los sueños, las persianas del llanto pasajero...

Y vamos a quedarnos a la intemperie, desafiando al frío de este otoño, mordiéndonos los labios que tiritan para que un solo temblor nos estremezca...

Vamos a deshelar el universo con el fuego de tu piel y de la mía...

Tu cuerpo sobre el mío, abrigando mi carne desvalida, arropando mi piel que templa la cálida tersura de tu carne...

Tu cuerpo al cobijo de mis manos que recorren tu vientre y tu cintura, la excitante meseta de tus pechos, la caliente hondonada de tu sexo que deslía los nudos del deseo...

Vamos a amarnos, amor, hasta gastarnos...

Vamos a derretirnos para siempre, a licuarnos el uno con el otro, a fundirnos la piel hasta que quede una única piel en nuestras pieles...

Vamos a deshacernos bajo el cielo y a hacernos nuevamente sin medidas, para que empieces tú donde yo acabe, para que acabes tú donde yo empiece..

Vamos a descorrernos y a corrernos...

Vamos a desalmarnos para armarnos como una sola carne estremecida...

Hasta que salga el sol y nos entibie y nos haga correr los velos de esta noche, los visillos del cielo y de la luna, las cortinas del sueño y de los sueños, las persianas del llanto pasajero...

lunes 3 de noviembre de 2008

Jirones de nostalgia


Te presto mis jirones de nostalgia, los harapos de esta fiel melancolía de las tardes de lluvia en que te sueño, contemplando la arena que se empapa y el mar que se retira y que regresa, susurrando tu nombre pronunciado por mis labios resecos, por los húmedos labios de las olas que besan mis pies y me descarnan el alma para arrancarme la carne desalmada.

Tómalos, princesa, y vístete con ellos… Cúbrete la piel con mis jirones de tristeza, remiendos de mis tardes cenicientas, para arropar tu propia soledad, desnuda y desgarrada; y revestirla de mí, de mis silencios, de mis lunas sin luz, para quedar desnudo en esta orilla donde me moja el mar y la lluvia y el flujo y el reflujo de tus lágrimas calientes.

Iré a buscarte, cielo, a quitar mis andrajos de tu piel, a romper los harapos de esta fiel melancolía, a dejarte desnuda de todas mis tristezas y a arrancarte las tuyas revestidas de las mías… A dejarte desnuda para que sea tu piel, sin remiendos ni jirones, la que vista mi piel mojada y temblorosa.

Préstame tus jirones de nostalgia, los harapos de esta fiel melancolía de las tardes de lluvia en que me sueñas…

viernes 31 de octubre de 2008

Palabras


Palabras,
necesito palabras que afrenten el silencio
en el duelo imposible de esta noche,
otra noche marchita y sin palabras.
Palabras que te envuelvan para siempre,
que te blinden del mundo y de la calle,
de la burda mentira, de las medias verdades,
de las falsas sonrisas traicioneras.
Palabras contra el mundo y contra el llanto
que guardo para siempre y para nunca
confiando en que descubras en mis ojos
palabras sin palabras,
el grito de un silencio sometido
que afrentará palabras si te hieren.

viernes 24 de octubre de 2008

Compases del placer


Mis manos oprimen la carne desnuda, la piel caliente y sometida, hurgada por mis dedos y mis palmas que acarician, estrujan, manosean y fustigan suavemente la prieta redondez de tus nalgas, en la leve azotaina que acompasa tus gemidos y la danza de tu cuerpo estremecido de placer...

Mi boca toma posesión definitiva de tu sexo licuado, de los labios de tu sexo desleídos en mis labios invasores, la divina hendidura de tu sexo conquistada por mi lengua, tu clítoris inflamado de deseo palpitando entre mis labios que muerden con brío los pliegues desplegados de tu carne...

Tiemblan tus piernas, se agita tu vientre, contoneas tus nalgas prisioneras de mis manos que se aferran a su piel caliente y sometida… La danza de tu cuerpo, sensual e incitante, que boceta en el aire la huella circular de un infinito dibujado al compás de tus caderas…

El deseo transforma los suspiros iniciales en gemidos provisorios… Tus nalgas azotadas por mis manos… Los gemidos provisorios transformados en un grito permanente… La carne levemente lastimada… El sexo profundamente penetrado… El placer que te inunda, que te invade, que te agota, que te hace sucumbir hasta verterte, como un torrente de fuego, sobre mi boca que embebe tus jugos de mujer deshecha por el goce…

Tus nalgas azotadas por mis manos que acompasan el ritmo de tu grito inacabable, que avivan el ardor de tu carne marcada y ofrecida…

Hasta que tus manos apresen mis muñecas, deteniendo las mías adueñadas de tu piel, caliente y sometida, mientras danzas en mi boca los últimos compases de tu orgasmo…

domingo 5 de octubre de 2008

Por eso te quiero


Me regalas vida con cada mirada
de tus ojos limpios, profundos, intensos.
Con cada sonrisa y con cada abrazo
me regalas vida.
Por eso te quiero,
porque en tu mirada se pierden mis ojos
buscando tu alma.
Y tienes el alma repleta de vida,
repleta de cielos con lunas tan blancas
como el plenilunio que mi alma anhela
repleta de noche
y de oscuridades que tu luz precisan.
Me regalas vida,
con cada sonrisa de tus lindos labios,
con cada silencio y con cada beso
de tu dulce boca,
con cada palabra que es como un susurro
que grita, que explota,
que me llena el alma que anhela un te quiero
brotando en tu alma
repleta de vida.
Me abrazas, me rompes,
con tus tiernos brazos me rompes los miedos,
las desilusiones y las amarguras,
me rompes la muerte, me llenas de vida,
me inundas de un cielo que me pertenece
cuando me regalas tu noche de luna
repleta de cielo,
tu luna de noche repleta de vida.
Por eso te quiero...
Pequeña princesa de mi paraíso
que tienes los ojos cuajados de vida,
que tienes sonrisas cuando más me faltan,
que tienes abrazos cuando más preciso.
Pequeña princesa
que me das el alma con cada palabra,
que inundas mi sueños
con la luz profunda de tu ser entero,
princesa preciosa
que tienes un reino para mi sonrisa,
para mi mirada perdida en tus ojos,
para mis abrazos que abrazan tu cielo,
para mis palabras
y para el silencio del alma que grita
y que se enamora de tu ser profundo.
Que el amor, princesa,
comienza en el alma
y en el alma crece como un firmamento
hasta hacerse eterno de cielos y lunas.
Deja que te ame de forma distinta
al amor que sienten los que a ti te aman.
Yo sé que hay palabras
que no entiende el mundo
pero sé, princesa, que tú las entiendes.
Mi amor es sentirte tan dentro del alma
que cuando la vida me deje desnudo
de tus ojos limpios, profundos, intensos,
de tus lindos labios creando sonrisas,
de tu tierno abrazo rompiendo mi noche,
que cuando la vida me quite el tenerte,
me imponga distancias,
preciosa princesa,
te sienta tan mía y te quiera tanto
que sigas llenando mi alma de cielo,
de tu cielo limpio,
de tu plenilunio
que regala vida.
Me regalas vida, pequeña princesa.
Por eso te quiero...